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im veterinaria
Iván Sosa
se graduó en 2007 en la Universidad de
Zaragoza. En 2008, emigró a Reino Unido buscando
especializarse en cardiología. Después de trabajar en
una clínica de Oxford, hizo un internado general en la
Universidad de Bristol. Tras año y medio en un hospi-
tal de referencia en Swindon, se mudó a Florida para
realizar la residencia en cardiología a través del colegio
americano. En 2016, Iván Sosa se ha trasladado a Bos-
ton para continuar como cardiólogo en un hospital de
referencia.
Opciones terapéuticas
El enfoque terapéutico dependerá de la severidad de la enfer-
medad. Casos leves y moderados no requieren tratamiento,
y en casos severos, el tratamiento está basado en el uso de
betabloqueantes, como el atenolol. Estos fármacos tienen el
supuesto beneficio terapéutico de disminuir la frecuencia car-
diaca y la fuerza de contracción del ventrículo, mejorando la
oxigenación miocárdica debido a un mayor periodo diastólico,
así como disminuyendo la demanda de oxígeno del musculo
cardiaco. La dosis recomendada es de 0.5-1.5mg/Kg cada 12
horas. Sin embargo, dosis más altas son en ocasiones necesa-
rias para conseguir el efecto adecuado en la reducción de la
frecuencia cardiaca. El autor recomienda empezar con dosis
bajas una vez al día, aumentándolas en frecuencia y en canti-
dad a lo largo de tres o cuatro semanas, a veces hasta 2.5mg/
Kg cada 12 horas, hasta que la frecuencia cardiaca en reposo
esta entorno a los 70-80 latidos por minuto. La respuesta a los
betabloqueantes dependerá de cada paciente, con algunos
casos viendo un efecto terapéutico a dosis mínimas. Si es ne-
cesario interrumpir el tratamiento, es importante hacerlo de
forma gradual debido a la posible inducción de taquicardias
reflejas. En casos de disfunción sistólica y/o presencia de fallo
cardiaco congestivo, el uso de betabloqueantes es cuestiona-
ble y generalmente contraindicado. Estos pacientes requeri-
rán fármacos enfocados al manejo de la insuficiencia cardiaca,
como diuréticos (furosemida), inhibidores de la enzima con-
vertidora de angiotensina (benazeprilo), y antagonistas de la
aldosterona (espironolactona).
Betabloqueantes
El uso de betabloqueantes puede ser útil en la presencia de
arritmias ventriculares. Sin embargo, otros antiarrítmicos,
como la mexiletina o amiodarona son a veces necesarios para
un control más efectivo. La presencia de fibrilación atrial no es
infrecuente en pacientes con dilatación de la aurícula izquier-
da, y antiarrítmicos enfocados a disminuir la frecuencia cardia-
ca (diltiazem o digoxina) deberán incluirse en el tratamiento.
La interacción entre estos fármacos puede ser fatal para el pe-
rro, por ello se recomienda la consulta con un cardiólogo antes
de iniciar el tratamiento.
El uso de la valvuloplastia como tratamiento para la este-
nosis subaórtica no es tan fructífero como para la estenosis
pulmonar. El tejido obstructivo característico de la ESA es de
naturaleza fibroelástica, y normalmente recupera su diámetro
después de la intervención. La valvuloplastia, usando la com-
binación de un balón cortante y un balón de alta presión ha
sido estudiada en estos perros. El balón cortante consta de
unas cuchillas que se encuentran protegidas mientras el balón
esta desinflado, y que salen al exterior al inflar el balón, reali-
zando un corte controlado en la lesión obstructiva
(Figura 5).
Tras retirar este balón, se procede con el uso de un balón de
alta presión, distendiendo los cortes realizados por las cuchi-
llas y mejorando el flujo sanguíneo.
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Figura 4. Trazado Doppler continuo obtenido mediante un corte
apical izquierdo (5 cámaras) en un perro con un soplo basilar sistó-
lico (V/VI) y diastólico (II/VI). El eje horizontal representa el tiempo, y
el eje vertical la velocidad de la sangre. Flujo sistólico con velocida-
des de hasta 6m/s y regurgitación aortica. A través de la ecuación
de Bernoulli modificada (GP= 4xV2) el gradiente de presión es de
144mmHG (estenosis severa).