IM VETERINARIA #2 - page 81

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n la clínica diaria vamos a encontrarnos frecuentemen-
te con pacientes sénior y geriátricos. No está bien de-
finida la edad a partir de la cual podemos empezar a
considerar un perro o gato adultos como geriátricos o
senior. Estos términos se refieren en general a aquellos pacien-
tes que han superado los dos tercios de su esperanza de vida.
En estos años se dan con mayor frecuencia enfermedades rela-
cionadas con la edad como el cáncer y las alteraciones cardio-
vasculares, gastrointestinales, ortopédicas y renales.
Esperanza de vida
En los perros la esperanza de vida depende (entre otros) del
tamaño adulto del animal. Según una publicación de Kealy y
colaboradores en 2002, el perro con un peso adulto de menos
de 9 kilos puede considerarse geriátrico a partir de los 11,5
años, los de entre 9 y 23 kilos a los 10, los de entre 24 y 40 kilos
a los 9 y los de más de 40 kilos a partir de los 7,5 años de edad.
Los gatos se consideran geriátricos a partir de los 10 a 12 años.
Aunque estos datos no son más que estimaciones orientativas
y existe una gran variación individual. Los signos físicos de la
edad (como la disminución de la actividad, pérdida de audi-
ción y de visión, etc.), pueden ser más indicativos que la edad
cronológica en cada paciente en particular.
Es difícil definir todos los cambios fisiológicos que son conse-
cuencia del envejecimiento, aunque se han identificado mu-
chas. Aun conociendo la variabilidad de manifestaciones, al-
gunos cambios fisiológicos asociados a la vejez son:
• Disminución del metabolismo basal por la progresiva re-
ducción de la masa muscular y aumento del tejido graso
y conectivo en el cuerpo.
• Descenso de la actividad general.
• Depresión de la respuesta inmune.
• Pérdida parcial de capacidades sensoriales: olfato, gusto,
visión y audición y deterioro de la estructura dentaria,
con frecuente ausencia de piezas.
• Modificaciones de las secreciones y de los procesos di-
gestivos (salival, gástrica, pancreática) y de la movilidad
del tracto gastrointestinal (esófago, intestino delgado y
colon, favoreciendo el estreñimiento).
• Posible alteración de la digestión y absorción intestinal
de los nutrientes, afectando a la utilización del alimento
(probablemente es más acusado en gatos que en perros).
• Cambios metabólicos: menor tolerancia a la glucosa y al-
teraciones en el metabolismo de los ciertos ácidos grasos
• Cambios funcionales renales (capacidad disminuida para
diluir y concentrar orina y para eliminar residuos catabó-
licos), aunque por si sólo el envejecimiento no causa una
disminución de la función renal.
• Disminución de las capacidades funcionales osteoarticu-
lares, respiratorias y cardiacas.
• Descenso de la elasticidad y flexibilidad de la piel. Incre-
mento de incidencia de queratosis y neoplasias cutáneas.
• Desequilibrio metabólico en general, con predominio del
catabolismo frente al anabolismo.
Como consecuencia de estos cambios los animales de edad
avanzada tienen necesidades específicas de todo tipo, tam-
bién a nivel nutricional pueden verse afectados los requeri-
mientos. El objetivo de la alimentación de un animal de edad
avanzada es proporcionar una dieta que permita minimizar las
consecuencias negativas de los cambios fisiológicos asociados
a la vejez y limitar las consecuencias del proceso del envejeci-
miento.
En la actualidad no existen recomendaciones nutricionales
específicas de esta etapa fisiológica, sobre todo, tal como ya
se ha comentado, por la gran diversidad en las características
de los animales considerados como geriátricos. Los organis-
mos oficiales, no proponen unas recomendaciones específicas
para animales de edad avanzada, debido a una falta de infor-
mación y de consenso. Sin embargo, la WSAVA, recomienda
una evaluación nutricional completa y más extensa que en
los adultos de los animales geriátricos, ya que son una pobla-
ción en riesgo de sufrir alteraciones nutricionales. Los que los
productores de alimentos para perros y gatos, recurren a sus
conocimientos, experiencia y a los estudios existentes para
ofrecer un alimento adecuado a un animal geriátrico. En el
mercado, existen múltiples productos con diferentes carac-
terísticas pensados, todos, para la nutrición en esta fase de la
vida del perro o gato.
Recomendaciones
Algunas de las recomendaciones que se dan en general para la
alimentación de perros y gatos geriátricos son:
El manejo de la condición corporal:
el paciente geriátrico
puede sufrir cierto sobrepeso (exceso de grasa corporal) o por
el contrario encontrarse en un estado de emaciación (falta
de grasa corporal) y ambos suelen ir acompañados de atrofia
muscular. En perros, se ha demostrado que el sobrepeso (in-
cluso ligero) está asociado a una menor longevidad y en todas
las especies va asociado a múltiples patologías. En gatos se ha
asociado la emaciación en la etapa geriátrica con una menor
esperanza de vida. El alimento a administrar debe evaluarse,
por tanto, según el estado nutricional del paciente. Una den-
sidad energética del alimento alta va a ayudar a mantener el
peso a aquellos animales con falta de apetito, mientras que
densidades reducidas van a facilitar el manejo de pacientes
con sobrepeso.
Niveles proteicos:
el envejecimiento está asociado con una
reducción de la masa muscular y una pérdida de reservas pro-
teicas en el organismo. Puede ser necesario un mayor apor-
te de proteína en la dieta en animales geriátricos. Aunque si
existe enfermedad renal u otras patologías debemos adaptar
la estrategia nutricional más adecuada para ésta. En cualquier
caso, es recomendable administrar proteínas altamente di-
gestibles y, de alto valor biológico, para asegurar su máximo
aprovechamiento. La condición muscular debe ser evaluada
periódicamente en estos pacientes, y la ración adecuada a su
evolución.
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